José Luis Guerín

José Luis Guerín (Barcelona1960) es un director de cine español, uno de los más representativos en España del llamado “cine de autor“, al margen de los convencionalismos comerciales de la industria del cine. Su obra destaca por su carácter esencialmente visual, su lenguaje reflexivo y poético y su estilo claro y sencillo. En muchos de estos aspectos entronca con la de Víctor Erice.

Tras un largo periodo de experimentación y formación autodidacta con el cortometraje en su adolescencia y temprana juventud, que transcurrieron durante la transición política española, en 1983 realizó su primer largometrajeLos motivos de Berta, que si bien fue premiado en el Forum de Berlín, no consiguió llegar a un gran público.

En 1990, llevó a cabo Innisfree, una película sobre otra película, El hombre tranquilo (1952) de John Ford. En este proyecto, se desplazó a la localidad irlandesa de Innisfree para auscultar las resonancias de la mítica obra de Ford en la vida de sus ciudadanos. El resultado es un sugerente contraste entre memoria e historia, ficción y realidad, cine clásico y contemporáneo.

En 1997, realizó Tren de sombras, exploración arqueológica de la imagen cinematográfica a partir del material de los vídeos familiares de Gérard Fleury en su casa de la localidad francesa de Le Thuit en 1930. Esta película despliega toda una bella poética de la imagen como huella de una ausencia, y entrelaza ficción y realidad como dos lados de un mismo tejido reversible. En 1999 recibió el Premio Nacional de Cine de Cataluña.

En 2001, concluyó En construcción, su proyecto de mayor repercusión tanto en el público como en la crítica, con el que culminó tres años de intenso trabajo y por el que cosechó ese mismo año los reconocimientos tanto del Premio FIPRESCI de la Crítica Internacional y el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián como del Premio Nacional de Cinematografía, y en 2002 del Premio Goya a la Mejor Película Documental.

Excepcionalmente, para esta película trabajó con un equipo de estudiantes de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde Guerín imparte clases en el marco del Máster de Documental de Creación que ofrece su Instituto de Educación Continua. Esto le permitió una gran dedicación de tiempo tanto al rodaje como al montaje.

En la intersección de ambos procesos se fue definiendo paulatinamente el plan del proyecto, que no estaba preestablecido, lo que le confirió a la película su singular aire de espontaneidad y naturalidad.

Se trata de una inmersión en el pulso cotidiano del barrio barcelonés de El Raval durante su proceso de reestructuración urbana, a través tanto de vecinos cuyas viviendas iban a ser demolidas para la edificación de otras nuevas como de operarios y encargados de la construcción que en ella trabajaban.

Un suceso insólito cambió el rumbo del proyecto inicial de la película: el descubrimiento, bajo los cimientos de las antiguas viviendas, de los restos de un cementerio romano con varios esqueletos en buen estado de conservación. En su proceso de renovación, la ciudad se encuentra con sus raíces… Y Guerín consiguió que se abriera a la vista pública del variado vecindario durante el rodaje de la película para plasmar las diversas emociones que en él suscitaría.

En el Festival de Venecia de 2007, presentó En la ciudad de Sylvia, proyecto con el que volvió a sumergirse en las entrañas de la ficción. La película constituye una hermosa fábula del deseo y el proceso de creación artística, y en concreto una bella metáfora de la realización cinematográfica.

El marco narrativo lo conforman un hombre que vuelve a Estrasburgo en busca de una mujer que un día conoció; los rostros, los cabellos y las figuras femeninas que encuentra azarosamente; una serie de esbozos de dibujos; una mujer que capta singularmente su atención; una persecución por el entramado de calles de la ciudad; un trayecto en tranvía; el viento que mueve las hojas del bloc de dibujo y crea las primeras secuencias a partir de la selva primigenia; el sentido que comienza a brotar…

Paralelamente a esta última película, cobraron forma dos proyectos diferentes más que la complementan: Unas fotos en la ciudad de SylviaLas mujeres que no conocemos.

El primero de ellos es otra película, rodada esta vez en vídeo, muda y en blanco y negro, y compuesta de secuencias de imágenes fijas a partir de la serie de fotografías que Guerín tomó en Estrasburgo. Se proyectó por primera vez en el Festival Internacional de Cine de Gijón de 2007. No ha tenido exhibición comercial, sino que se ha proyectado excepcionalmente en museos y centros culturales y se editará en DVD. Durante cada proyección, un grupo de música de cámara interpreta en directo la banda sonora compuesta por Paula Yturriaga.

El segundo es una instalación fotosecuencial, a medio camino entre la fotografía y el cine, que Guerín presentó en el Pabellón de España de la Bienal de Venecia de 2007 y ha expuesto también en el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) en 2008. Los tres proyectos, distintos en sus formatos, son variaciones de un mismo tema, y es que tienen en común que giran en torno al deseo, la figura femenina y los orígenes de la creación audiovisual.

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